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NÚMERO 36, PÁGINA 98


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La astrología en el Renacimiento

Lejos de ver en la astrología un simple método adivinatorio, los hombres del Renacimiento la consideraron una forma de conocimiento delmundo. Astrónomos como Galileo o Kepler defendieron su validez.


Hermes Trismegisto –considerado como el padre de la alquimia- definió en la Tabla esmeraldina: «Lo que está arriba es como lo que está abajo y lo que está abajo es como lo que está arriba». Según esta definición, los astros reflejarían el comportamiento humano y estos actuarían en viceversa; es decir, leyendo los signos celestes como si de un libro se tratara, se llegaría a conocer en profundidad la razón de existir del hombre y la naturaleza. Por tanto, más allá de una técnica adivinatoria cualquiera, la astrología nació como una herramienta para estudiar la realidad existente. Con tal propósito el Renacimiento tomó esta forma de conocimiento para intentar dar respuesta a las grandes cuestiones universales, abarcando, desde el origen y movimiento de los vientos y mareas hasta la actividad de la mente humana. Asociada actualmente al ámbito popular y pagano, contrariamente la astrología renacentista se vinculó a personajes poderosos y cultos como Federico de Montefeltro o Rodolfo II; ambos personajes contrataron bajo su servicio a profesionales estudiosos de esta ciencia universal. Referente a la problemática religiosa cabe destacar que en realidad la Iglesia católica siempre mantuvo un relación cordial; sólo respecto el cuestionamiento del libre albedrío y la distinción entre causas y señales se vio obligada a posicionarse, ya que se trataba de asuntos que podrían cuestionar algunos de sus dogmas, algo intolerable. Dejando a un lado estas disputas, filósofos y científicos de la talla de Copérnico, Tycho Brahe y Johannes Kepler fueron grandes pioneros y defensores de la astrología, por aquel entonces íntimamente vinculada a la astronomía. El propio Kepler ensalzó sus posibilidades, junto con de la de los horóscopos. El término remonta a las raíces griegas oro —hora— y scopo —observo—. La particularidad de esta disciplina era la de averiguar el futuro de un determinado individuo, dependiendo de la posición de los astros en el momento de su nacimiento. Para ralizar tal calculo se tenian en cuenta distintos factores como la identificación de las doce “casas” —entre las cuales figuraban los estudios, el amor e hijos, el trabajo, etc. —en la bóveda celeste, el “ascendente”—la constelación que aparece en el horizonte en el momento del nacimiento—, o los “aspectos” —que podían ser favorables o nefastos—. Del conocimiento de los planetas y las consetlaciones también derivaria al estudio de los signos zodiacales, a los cuales se atribuian características específicas como formas, colores, rasgos psicológicos, dibvinidades, etc. Todas estos cálculos fueron determinantes cuano en el Renacimiento se fundó la escuela neoplatónica, encabezada por Marsilio Ficino. En ella se conciliaba la religión con la astrología, dos creencias aparentemente opuestas, pero que se dieron la mano hasta bien entrado el siglo XVII.