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Mapas e ilustraciones que ilustran la historia del mundo
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Temas similaresEn una antigua zona pantanosa donde se reunían los primeros pobladores de Roma surgió el Foro Romano, el suntuoso espacio donde espléndidos templos, estatuas y edificios oficiales mostraban el poder de la República y, más tarde, del Imperio.
Espléndidas estatuas, fastuosos templos, la sede del Senado y las basílicas donde se impartía justicia, las oficinas de los banqueros… El Foro Romano era el corazón de la ciudad y el centro de su Imperio. El solar en donde se erigieron suntuosos edificios en la época dorada de Roma, en el cenit de su Imperio, era mucho tiempo atrás un lugar pantanoso, surcado de riachuelos e insalubre, utilizado desde la prehistoria como lugar de enterramiento. Situado entre los montes Capitolio, Palatino y Quirinal, formaba un valle en ligera pendiente donde entre arbustos y árboles longevos surgían dos manantiales: el Tullianum y la fuente de la ninfa Juturna, la única concesión de la naturaleza a una ocupación humana del lugar. La transformación del Foro se debió a los Tarquinios, reyes de ascendencia etrusca, que acondicionaron el valle limpiándolo de la maleza, desecando el terreno mediante un pavimento terrizo y canalizando las aguas en un colector que las llevara al río Tiber, la cloaca Máxima. Al mismo tiempo, se organizó el lugar, levantándose casas y tiendas, en donde convivían apretadamente todo tipo de comercios. La política, la religión y la actividad comercial estarán presentes desde entonces en la vida del Foro, y coexistirán con rincones sagrados o cargados de tradiciones y leyendas. El Foro se convierte, de esta manera, en el centro de la vida ciudadana y, con el pasar de los años, nuevos edificios e intervenciones urbanísticas transformarán su fisonomía. El Foro se convirtió en una gran plaza de mercado, donde estaban prohibidos los carros durante el día; sólo se permitía que circulasen las literas de las personas pudientes, porteadas por esclavos. Allí podía verse a gente de todos los pueblos de Italia y, mucho después, de todo el Imperio, y se oía hablar en todas las lenguas. El bullicio era enorme y el ruido ensordecedor, según cuentan las crónicas, no teniéndose sosiego ni siquiera por la noche, que era cuando se permitía el tránsito de carruajes y se procedíaa la descarga de productos. Los edificios civiles convivían con los dedicados a las divinidades. De principios de la República data el templo dedicado a Saturno, cuyas columnas todavía se levantan imponentes en el paisaje de ruinas actual. En sus sótanos se custodiaba el tesoro de la República romana, del que César se apoderó sin miramientos en el transcurso de las guerras civiles. Por el Foro discurrían también los desfiles triunfales de los generales victoriosos, que mostraban a los ciudadanos el botín obtenido en sus campañas y a los caudillos enemigos, vencidos y humillados. Marco Antonio expuso la cabeza y las manos cortadas de su adversario, el gran orador Cicerón, en la tribuna de los Rostra, en el centro del Foro. La decadencia del Foro empezó con el triunfo del cristianismo, cuando se prohibieron los cultos paganos y se cerraron los templos. Luego, los terremotos, las crecidas del Tíber, los escombros de los edificios caídos y el expolio continuo de piedras y mármoles durante la Edad Media y el Renacimiento para edificar nuevas construcciones contribuyeron a su ruina.