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Mapas e ilustraciones que ilustran la historia del mundo
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Temas similaresEntre los siglos VII y IV a.C., antes de caer en poder de Roma, las ciudades etruscas estaban dominadas por una aristocracia amante de los placeres y el lujo. Los griegos y romanos vieron la causa de la decadencia de los etruscos en este refinado modo de vida.
Entre los siglos VII y IV a.C., las ricas ciudades etruscas vivieron una época de esplendor, bajo el dominio de una aristocracia que pronto se hizo célebre en todo el Mediterráneo por su gusto por el lujo y los banquetes. Los autores de la Antigüedad, cuando se refieren a las ciudades etruscas, hablan de una sociedad dividida en dos grupos fundamentales: «los señores», ‘domini’, y los «esclavos», ‘servi’. Aunque esta división es demasiado radical, refleja el predominio que las familias de la aristocracia ejercieron sobre el conjunto de la sociedad etrusca, acaparando los cargos políticos de las ciudades y desplegando un fastuoso estilo de vida. Ya en la época arcaica de la historia etrusca (siglos VII, VI y parte del V a.C.), la aristocracia controlaba las instituciones y la mayor parte de los recursos del mundo etrusco. También en las ciudades, donde la estructura social era más compleja, descollaron algunos grandes personajes de la aristocracia etrusca. Se trataba de auténticos señores de la guerra que, a la cabeza de ejércitos privados, emprendieron expediciones en pos de botín y de gloria personal. Así, en este periodo no son infrecuentes las estelas funerarias en las que se exalta la memoria del difunto resaltando su condición de guerrero y especificando su nombre. El dominio de la aristocracia se extendía igualmente al ámbito religioso. Los sacerdocios estaban en manos de las grandes familias, como se hace constar en múltiples inscripciones funerarias. Es lo que sucedía con los arúspices o adivinos, quizás el sacerdocio etrusco más representativo y con mayor proyección exterior, ya que los romanos recurrieron asiduamente a ellos en los momentos difíciles de crisis religiosa. La nobleza se dedicaba a actividades económicas muy variadas. Los aristócratas eran ante todo grandes terratenientes. Los cultivos más rentables eran la vid y el olivo, sobre todo el primero, orientado al comercio de exportación de vino, que también controlaban los nobles. Éstos dirigían igualmente la producción de metales, de enorme importancia puesto que Etruria era una de las regiones mineras más ricas del Mediterráneo. Las fuentes coinciden en señalar que la nobleza monopolizaba el gobierno de las ciudades. Campesinos, artesanos y comerciantes, que eran ciudadanos libres y a menudo disfrutaban de una sólida posición económica, estaban excluidos por completo de la participación en el gobierno. La aristocracia etrusca desarrolló un modo de vida característico, marcado por el lujo y la molicie y centrado en el disfrute de todos los placeres de la vida. Los autores griegos no olvidaban uno de los elementos característicos del estilo de vida de la aristocracia etrusca: el banquete. A los griegos les sorprendía la participación de la mujer etrusca en los banquetes, su afición a la bebida, su presencia en los juegos y su permisividad sexual. La arqueología muestra cómo la mujer gozaba en muchos aspectos de una posición pareja a la del hombre; de ahí su asistencia al banquete, que era el centro de la vida aristocrática y de las relaciones sociales, su presencia como espectadora en los juegos, su capacidad de disponer de bienes o de recibir tratamiento funerario idéntico al del hombre.